CONTACTO EN EL HOTEL
FRANCIA.
Las paredes no
solamente oyen
sino también hablan y
tal vez te miren.
Febrero 9 del 2011.
El entonces señero Hotel Francia atendido
siempre por Juanito Andrea y Anita Romero, cuyo edificio cumplirá su primer
centenario en tres años más y fuera testigo de grandes acontecimientos como los
bailes de fin de año, aniversarios, graduaciones, bodas postineras, valses de dulces quinceañeras,
recepciones políticas y no, banquetes, homenajes, agasajos, cenas, tragantonas, anécdotas y
hechos históricos como las arengas ahí pronunciadas desde el balcón esquinero
de la finca en cuestión por candidatos presidenciales; también es testigo mudo
según se presume de las primeras letras y notas musicales del Himno Aguascalentense
“Pelea de Gallos” de Juanito S. Garrido; también testigo del arreglo de muchos toreros que de
ahí salieron vestidos con sus alamarados trajes de luces para jugarse la vida al compás de la marcha militar España Cañi en el centenario Coso San Marcos ávido de sangre y de -cerveza- sol; fue así mismo hospedería de reconocidos artistas venidos año con año a la
famosa Feria Nacional de San Marcos y de las visitas espaciadas de mi General Ortiz
Sevilla padre de mi estimado amigo Alejandro Ortiz Martinez (q.e.p.d.) así como de llegados aventureros muchos a ver que pudieran encontrar aquí y
tantas otras cosas muchísimas más que ahí se trataron, tranzaron, acordaron y
se dijeron entre sí sobre todo en el café los personajes locales del llamado Museo de Cera
todos los días sin fallar por espacio de medio siglo hasta que cambio de giro el precioso inmueble; pero,
también fue sitio de las festejadas intrascendencias e hilarantes cosas muchas dichas en el hall, en
el café, en el bar y en el restaurante que hoy en las paredes reverberan como
ecos si se les pega bien el pabellón de la oreja.
***
El escenario es una habitación del
Hotel Francia reservada con una hora de antelación para comer privadamente dos personas.
Asunto:
Entrega-recepción de un maletín de brocado negro para su envió a la tintorería.
“…Yo a usted lo respeto por su gran trayectoria y su acrisolada
honestidad -LE DIJO EL DON PARA ABRIR BOCA Y LUEGO BRINDAR CON UNA COPA
DE CHILENO QUE EL MISMO SIRVIÓ- usted
representa a una nueva generación de jóvenes empresarios pujantes en quienes
nosotros los viejos hemos depositado todas nuestras confianzas y todos nuestros
valores de la familia revolucionaria los cuales nos hemos procurado a lo largo
y a lo ancho de nuestras honradas vidas sigilosas sin alardes ostentosos pero, eso sí, con profundos principios y convicciones revolucionaras porque no es en todo caso
nuestra fortuna sino que son nuestros recursos, medios y gran poder de
disuasión para conseguir los consensos de las grandes mayorías y seguir
progresando por el sendero de la patria… -LE DESLIZO EL PRIMER MENSAJE A SU
INTERLOCUTOR- …Solamente, hay que
ver lo que hemos logrado en los últimos tiempos y oír la respuesta satisfecha
del pueblo en la calle que lo corrobora con entusiasmo nacionalista… -LE ESCURRIÓ
EL SEGUNDO MENSAJE- …Debemos
pugnar todos unidos por el progreso de nuestra patria creando más y más
industrias, más y más nuevas empresas pero, sobre todo, muchos pero muchos más
nuevos empleos y, por supuesto, muchas y más muchas casas, muchas, muchas para
nuestros pobres obreros y campesinos desarrapados en la orfandad que tanto lo
necesitan. No hay que esperar a sacarse la lotería. Hay que trabajar y
trabajar. Nuestra responsabilidad es mantener el orden y la paz de nuestra
querida patria chica. No podemos permitir la corrupción, el desorden y la anarquía. Defender
al Sistema Federal y Republicano y el Estado de Derecho que nos hemos dado
todos los mexicanos es nuestra misión…” -CONCLUYÓ LA LECTURA DEL TERCER
MENSAJE-.
Al cabo de 95 minutos de la lectura y comentarios con la voz cascada que siempre tuvo al largo discurso, que en tarjetas ex profeso para la ocasión le hubieron escrito y, escuchado advertidamente por el bisoño empresario, después de haber picado algunas tapas salieron no juntos sino cada quien por su lado tal como llegaron, uno con rumbo desconocido y el otro presuroso al Banco SBFSS -Su Banco Familiar y Seguro Servidor- para gestionar el Fondo de Fomento a la Vivienda y Desarrollo -FOFOVIDE- no sin olvidar el ”choro” que le había escuchado sin aliento…
Cuando llegó a la puerta del
banco la manga de su saco rosó una mano temblorosa que le hizo voltear y
ver al indigente de cuencas oculares sumidas con un letrero de cartón en su
pecho sujeto al cuello por un mecate que decía: “UNA LIMOSNITA POR EL AMOR DE DIOS,
NO PUEDO VER NI OIR”.
El gerente en su privado avisado con
antelación de la visita en cuestión se paró solícito como resorte y le dio la
bienvenida: “Considérenos su familia,
nuestro silencio, es el poder de vuestra firma”.
Después de un rato salió del
banco con sus papeles en orden él como titular y el Don como beneficiario más
el ticket del estacionamiento debidamente sellado cuando a una señal del
valet-parking ya para subirse a su carro una mujer de aspecto famélico y bizca
le pidió limosna para sus niños en la orfandad que se los mostró en una foto ajada al
mismo tiempo que un chiquillo sucio y harapiento le acercó ofreciéndole un
cachito de Lotería: “Lléveselo,
lléveselo, es el huerfanito”.
Antes de llegar a su oficina
pensando en el camino sobre el destino de los fondos, no sin antes haber
adquirido en lujosa joyería el collar de perlas prometido a su segundo frente,
se le habían abalanzado sobre el carro en el
alto del crucero anterior un grupo de jóvenes anarquistas gritando
consignas contra el mal gobierno por el abuso y dispendio de los dineros del
pueblo. En la puerta del edificio lo saludo con familiaridad un ordinario
mercader en bicicleta que le ofreció unos burritos. Y ya en el pasillo del 13º
piso rumbo a su privado un socio infiltrado por la mafia al verlo tan
desencajado y confundido bromeando lo aguijoneó: “Parece que hubieras visto al chamuco jajaja”.
Pálido entró a su recinto y
dejándose caer sobre un sofá la secretaria cerciorándose de no ser vista le dio
un beso fingido en la mejilla susurrándole al oído: “Amor, me compraste mi collar” y en el acto se infarto…
FIN.

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